Prólogo: El exilio republicano español 90 años más tarde

Juan A. Godoy-Peñas

University of Cincinnati

Azucena López Cobo

Universidad de Málaga


En una era dominada por la globalización, el transnacionalismo, la movilidad global y el multiculturalismo, pero también por el resurgimiento de corrientes ideológicas que cuestionan dicha movilidad y refuerzan el aspecto territorial de las fronteras, así como la existencia de un discurso nacional monocultural que tiende a silenciar ciertas identidades y corrientes de pensamiento, es importante volver la mirada hacia atrás y analizar las consecuencias que propuestas similares tuvieron en el pasado. Como parte de este ejercicio de memoria histórica, es inevitable centrar la atención en las experiencias, ideas y producciones culturales de aquellos que ya una vez sufrieron las secuelas de dichos discursos reduccionistas: los exiliados, las exiliadas y les exiliades, entre otros. 

Como ya mencionó Paul Tabori, el exilio es una condición universal de la que pocas sociedades han podido escapar. Desde tiempos helénicos a la más reciente actualidad –en la que el pueblo venezolano, el cubano, el palestino, el sirio, el libanés y el iraní, entre otros, son forzados a abandonar sus hogares para sobrevivir–, el ser humano se ha enfrentado al desarraigo, a la forzosa salida del país de origen, a la incertidumbre del futuro debido a conflictos bélicos o luchas de poder que han favorecido ciertas corrientes ideológicas y silenciado otras hasta el punto de sepultarlas bajo tierra. El fenómeno del exilio va mucho más allá de un mero desplazamiento geográfico. Este implica, en frecuentes ocasiones, la reconstrucción de una identidad marcada, entre otros aspectos, por el confrontamiento con una nueva forma de hablar (ya sea un nuevo lenguaje o un nuevo dialecto), la ruptura con su tiempo histórico y, en cierta medida, el surgimiento de un destiempo, la ambigüedad, la dualidad y la propia aceptación de la condición de exiliado. En definitiva, en palabras de Angelina Muñiz-Huberman, el exilio es “un salto afuera. Un no pertenecer al espacio. Un acto temporal. Una búsqueda de márgenes, límites, una tierra nueva. Un acto de fe y un acto de exultación” (174).

Desafortunadamente, el pueblo español no ha sido menos y ha sufrido en carne propia las consecuencias del exilio en más de una ocasión. Ya a finales del siglo XIV, en pleno proceso de expansión del cristianismo, los Reyes Católicos forzaron al exilio a todo aquel judío o musulmán que se negara a convertirse al cristianismo, sin olvidar a los moriscos del siglo XVII. A estos siguieron varios otros provocados por los enfrentamientos entre diferentes líneas dinásticas en su lucha por el trono español. El último exilio es el que provocó la guerra civil española y posterior victoria del bando sublevado, que terminó con la llegada al poder del general Francisco Franco, quien sometió a España a casi cuarenta años de dictadura. Desde 1936 y durante esos cuarenta años, más de doscientos mil españoles cruzaron las fronteras españolas por miedo a ser ejecutados o encarcelados. Entre ellos encontramos a algunas de las figuras intelectuales más relevantes del panorama español, tales como Max Aub, Luis Buñuel, Rosa Chacel, Antonio Machado, Maruja Mallo, Juan Ramón Jiménez, Claudio Sánchez-Albornoz, María Zambrano, y un largo etcétera, que fueron a recalar en diferentes países de acogida, Francia, México, la URSS, Estados Unidos, Cuba, Argentina, Argelia y Chile, entre otros.

Noventa años más tarde, y a pesar de medidas legislativas del calado de la Ley de la Memoria Histórica de 2006 y la Ley de Memoria Democrática en 2022, y del trabajo de cientos de investigadores y grupos que tienen como objetivo recuperar la memoria histórica, cultural y literaria del exilio español de 1939, tales como GEXEL, una parte de la sociedad española, especialmente las generaciones más jóvenes, todavía desconoce la amplitud del fenómeno. Este desconocimiento es tal que incluso cierta crítica minusvalora su impacto en el campo de la literatura. La producción de muchos de estos escritores sigue ausente de numerosos estudios compilatorios de la literatura española del siglo XX, así como de gran número de planes curriculares de institutos y universidades. Nombres tan relevantes como Max Aub, Francisco Ayala, María Teresa León o Jorge Semprún son aún poco frecuentes en espacios educativos. En este contexto nace este número que se ha propuesto reunir a investigadores de diferentes países, algunos con una dilatada trayectoria académica, otros con un camino prometedor por delante, para, por un lado, dar voz a narrativas opacadas por el canon tradicional, tal y como ocurre con de María Teresa León (capítulo 4) y Agustí Cabruja (capítulo 3), y, por otro lado, profundizar en las redes literarias que estos escritores establecieron en sus países de acogida, como el de algunos de los exiliados en México con Octavio Paz (capítulo 1) o el de Francisco Ayala con Victoria Ocampo y los colaboradores de la revista Sur (capítulo 5). Pero, además, conviene recordar que el exilio y la condición de exiliado ni fue un periodo exento de cambios y evolución ni supuso un limbo inmovilista al que se vieron sometidos dichos escritores. Este monográfico subraya, entre otros aspectos, la difícil negociación con el país de destino y con la identidad propia, así como incertidumbres y adaptaciones que se vieron reflejadas en sus obras. En definitiva, aspira a contribuir al estudio a la recuperación de esa memoria histórica, cultural y literaria del exilio español de 1939 a la que ya hacía referencia GEXEL en su manifiesto de 1993.

El texto que abre el número, “Octavio Paz y la literatura del exilio español (1938-1943)” de James Valender, se inicia con la actitud entusiasta del poeta mexicano a la llegada de los intelectuales españoles durante y después de la guerra civil española, a los que trató de encontrarles acomodo en las revistas literarias del momento (donde se dieron a conocer al público mexicano) y de entablar un diálogo de “entendimiento entre la cultura de los dos países”. A través del estudio de seis reseñas, Valender examina con rigor y claridad la atención que Paz dedicó a poemas de León Felipe, José Moreno Villa y Luis Cernuda para, posteriormente, enfocarse en la que los españoles Juan Rejano, Antonio Sánchez Barbudo y Juan Gil-Albert otorgaron a poemarios de Paz. En los primeros comentarios, Paz despliega el conocimiento profundo que tenía de la poesía peninsular desde su viaje a la España en guerra de 1937 hasta el punto de anunciar que se hallaba en un final de ciclo abocado por la guerra y la derrota republicana posterior. Las notas de los españoles dan cuenta de la evolución de la poesía del mexicano en años sucesivos hasta que a finales de 1943 se instaló en San Francisco, marcando de este modo distancia con el “ambiente irrespirable” del mundo literario mexicano y con la tirantez existente entre los escritores de las dos culturas.

A continuación, Francisco Rodríguez Sánchez propone una lectura de la obra del exilio de Luis Cernuda a partir del concepto de la paratopía creativa de Dominique Maingueneau y en diálogo con el de liminalidad del teórico Homi K. Bhabha. Este enfoque metodológico permite mostrar en un mismo plano la complejidad que subyace en los poemas de Cernuda en relación con el lugar de enunciación del sujeto poético, entendido como una pluralidad de espacios estructuralmente inestables e inasibles en los que el autor negocia su identidad (como sujeto poético, como hombre, como español, como exiliado, etc.) y cuyo resultado será siempre una acción creativa. A la luz de las múltiples capas superpuestas de realidad y circunstancias confluyentes en el autor, el análisis de sendos textos procedentes de Poemas para un cuerpo (1957) y de Desolación de la Quimera (1962) permite a Rodríguez Sánchez indagar en el desplazamiento constante del lugar de enunciación, así como en el permanente cuestionamiento de su posición respecto de sí mismo como un otro –del país de origen, de sus compatriotas y de su condición de escritor–, haciendo de esta inestabilidad la fuerza motriz de su poesía final.

En las últimas décadas, los estudios sobre el exilio republicano han dedicado una atención muy especial a revelar la calidad de la obra de escritoras y autores que durante años permanecieron en un discreto segundo plano o inexistentes para la historiografía contemporánea. Enrique Muñoz Mantas analiza tres obras del exilio del escritor catalán Agustí Cabruja (1911-1983), La ciudad de madera (1947), Les òlibes (1954) y la inédita El árbol y la puesta de sol. Su objetivo, más allá de reivindicar al escritor y a su obra, consiste en determinar hasta qué punto los tres títulos configuran una narración en tres fases del destierro y responden a su vez a tres modalidades consecutivas de desarraigo con las que muchos otros miembros del bando vencido podrían identificarse, hayan sido escritores o no: el paso por los campos de concentración, el exilio interior y la experiencia del transterrado. Como en el artículo anterior, también Muñoz Mantas se vale de la conceptualización del tercer espacio liminal de Homi K. Bhabha para reflejar el estado de hibridación de Cabruja y los protagonistas de sus novelas, en tanto que seres insertos en zonas simbólicamente opresivas con las que deben renegociar constantemente y a la vez con su propia identidad cambiante. De Reinhart Koselleck toma la idea de disonancia entre la experiencia vivida en el pasado y la expectativa prevista en el futuro que, no obstante, el exilio desvanece, dando lugar a la configuración de espacios del trauma. El resultado es una fractura temporal sin posibilidad de solución más que por la renegociación permanente que aparece en primer plano en la narrativa de Cabruja.

El siguiente estudio nos lleva geográficamente del exilio mexicano al argentino. Mercedes Jiménez y Ana María Palma proponen una lectura del libro de cuentos Las peregrinaciones de Teresa (1950) de María Teresa León gestado durante su exilio en el país austral. Las autoras han centrado el análisis de este texto a partir de la confluencia en la autora de tres identidades: (1) como sujeto femenino que subyace a la condición de escritora preocupada por que la mujer adquiera la condición de plena autonomía e independencia respecto del hombre; (2) como ser humano comprometido con las libertades básicas y en lucha contra los sistemas de opresión social propios de dictaduras como la franquista y (3) como creadora cuya labor constituye un acto de rebeldía y resistencia ante la realidad indeseada, así como un ejercicio de preservación de la memoria colectiva. En tanto que representantes de una joven generación de hispanistas, ambas autoras reivindican la recuperación de las intelectuales exiliadas durante y tras la guerra civil española en la línea de compromiso de su modelo, al entender que muchas de las propuestas combativas plasmadas en las obras de escritoras como María Teresa León siguen manteniendo una vigencia real.

También en el exilio argentino estuvo inicialmente el escritor Francisco Ayala, con quien se clausura el monográfico. César Núñez revisita el periodo final del exilio del escritor granadino cuando, recién jubilado por el Brooklyn College de Nueva York, y de regreso a Madrid en 1977, se detiene brevemente en Buenos Aires para asistir al “Diálogo de las culturas”. El encuentro celebrado a finales de 1977 en Villa Ocampo y organizado por la UNESCO y la Embajada de Argentina en la institución cultural, se pensó como un foro de debate entre intelectuales de diversa procedencia para tratar temáticas de carácter intercultural. La reunión culminó con la cesión del palacete de Victoria Ocampo a la UNESCO, ocasión para la cual ella quiso reunir a los colaboradores más cercanos de la revista Sur. Ayala dejó escritos diversos testimonios de esta visita, sin que haya en ellos referencias explícitas a la situación política que el país venía atravesando desde el mes de marzo del año anterior, cuando el golpe de Estado del general Videla –del que se cumple ahora medio siglo– instauró el periodo de mayor represión y horror de la historia reciente de Argentina. Núñez desgrana con minuciosidad argumentativa no tanto el viaje geográfico o el acontecimiento social e intelectual, cuanto el ideológico de este periodo final del exilio de Ayala.



Obras citadas

Muñiz-Huberman, Ángela. El canto del peregrino: hacia una poética del exilio. GEXEL y UNAM, 1999.

Tabory, Paul. The Anatomy of Exile. Harrap, 1972.

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