“Puentes de Papel. Ensayos de Literatura Caribeña y Centroamericana” de Ramón Luis Acevedo
Reviewed by Josué Chávez
(Bryn Mawr College)
Acevedo, Ramón Luis. Puentes de Papel. Ensayos de Literatura Caribeña y Centroamericana. Isla Negra Editores, 2024. ISBN: 978-9945-637-47-2.
“Tender puentes por donde transiten las palabras es necesario para nosotros los puertorriqueños, limitados desde siempre por regímenes coloniales” (13). Así es como el crítico literario Ramón Luis Acevedo enmarca su nueva compilación, Puentes de Papel. Ensayos de Literatura Caribeña y Centroamericana (2024). A lo largo de dieciocho artículos, el legado del colonialismo y la persistencia del subdesarrollo son entendidos como las bases históricas para una crítica regional, la cual busca forjar “vínculos entre autores y obras caribeños y centroamericanos” (13). Estos vínculos no solo compensan por la “escasez de una crítica rigurosa” (22) y la “ausencia de grandes editoriales” (22), sino que también intentan remediar “una visión parcial y distorsionada de lo que es y ha sido la literatura hispanoamericana como fenómeno global” (22).
La publicación analiza las contribuciones de la región a una tradición de crítica hispanoamericana asociada con figuras como Andrés Bello, José Martí y Ángel Rama. En el primer artículo, “La literatura caribeña en el contexto latinoamericano”, Acevedo elabora las bases teóricas del enfoque regional hacia la literatura, el cual, según él, reconoce que, debido a factores geográficos, históricos y demográficos, el Caribe y Centroamérica han sido una “frontera cambiante y conflictiva” (18) para el desarrollo del colonialismo y el capitalismo. Por lo tanto, un enfoque regional tiene la ventaja, por un lado, de identificar los vínculos que hacen posible la afirmación de una identidad cultural, y por otro, de romper barreras que impiden el reconocimiento de una historia compartida. Es así como la crítica de Acevedo pone en marcha un proyecto bolivariano intelectual, en el cual la interpelación de “nuestra América” se convierte en la condición de posibilidad para la revisión del canon de pensamiento crítico.
Los textos siguientes se enfocan en los puentes que Antonio Benítez Rojo y José Ferrer Canales tendieron hacia el resto del Caribe. En “La isla que se repite en el Paso de los vientos”, Acevedo escoge tres cuentos de la colección titular para elaborar cómo lo literario dramatiza las propuestas teóricas sobre el Caribe de Benítez Rojo como un “metarchipiélago” marcado por un sincretismo caótico y carnavalesco que se “extiende mucho más allá de [los] confines geográficos [tradicionales]” (49). Mientras tanto, en “José Ferrer Canales y su visión de la literatura del Caribe”, nos encontramos con un testimonio sobre la trayectoria de un “hombre excepcional”. Acevedo recalca la producción ensayística de Ferrer Canales, en la cual se vinculan figuras como Simón Bolívar, Rubén Darío, José Martí, José de Diego y Pedro Henríquez Ureña, entre otros. Busca así valorizar para una nueva generación las convicciones humanistas que Ferrer encarnaba, ante una coyuntura hostil a estas mismas.
La elaboración de convicciones humanistas y anti-imperialistas como un vínculo entre el Caribe y una tradición más amplia de pensamiento crítico hispanoamericano recurre en los otros artículos limitados a autores caribeños. Ya sea en su discusión de la biografía sobre el poeta afrocubano Plácido, escrita por el boricua Eugenio María de Hostos, o la interpretación de la labor intelectual y literaria del dominicano Juan Bosch durante su exilio en Puerto Rico, el horizonte interpretativo yace en cómo estas figuras dramatizan mediante sus escritos el acto de “despertar conciencias” y “movilizar voluntades” (109).
El resto de la compilación se concentra en la literatura de América Central. En “Veleidades e Injusticias del canon”, Acevedo elabora la “aportación fundacional al ensayo como género literario en América” (79) por el intelectual hondureño del siglo XIX, José Cecilio del Valle. El artículo persuasivamente demuestra la “amplia perspectiva americanista” de del Valle y la necesidad de su inclusión en un canon junto con figuras como Sarmiento, Mariátegui y Fernández Retamar. En “Landívar y Batres Montúfar”, el análisis se concentra en las visiones arquetípicas del paisaje natural como un “esfuerzo por fundar la realidad [nacional]” a partir de las obras de dos escritores guatemaltecos del siglo XIX: Rafael Landívar y José Batres Montúfar. Mediante ellos, Acevedo elabora los polos ideogramáticos que definen la representación del paisaje americano: “una imagen arcádica y utópica” en donde la “comprensión racional se convierte en dominio de la naturaleza” (91) y una imagen ambivalente que acomoda el caos y el terror con el mito y lo sagrado.
Cuatro capítulos son dedicados a la poesía. “La poesía centroamericana del siglo XX” traza el desarrollo de este género literario a lo largo del istmo. En “La angustia de la influencia”, nos encontramos con una periodización magistral de la recepción de Rubén Darío por generaciones posteriores de escritores nicaragüenses y puertorriqueños, “un proceso que va desde la admiración…a la reacción satírica…hasta la humanización compasiva” (153). En “La mitificación de Roberto Clemente”, se analiza como el poeta nicaragüense Horacio Peña interpela al jugador de béisbol puertorriqueño como un “héroe fundacional” de una región que se constituye a sí misma mediante el acto creativo. En “Chichicastenango”, tenemos una luminosa interpretación de la poesía y la ensayística del guatemalteco Luis Cardoza y Aragón. La exégesis ocurre a partir de dos textos que abordan el “problema del indio”, pero que revelan, en su forma, ser en realidad testimonios del “problema del ladino”, o el mestizaje como un proyecto fracasado.
El resto de los artículos se enfocan en la novela o la novela corta. Abordando obras que van de 1915 hasta 1993, Acevedo demuestra un conocimiento inigualable del campo literario centroamericano y una práctica crítica que entiende a la literatura como un proceso artístico de interpretación social. Es con esta mirada que el crítico interpreta El hombre que parecía un caballo (1915) del guatemalteco Rafael Arévalo Martínez como una alegoría sobre la profesionalización del oficio del escritor. Su ojo para obras que cristalizan un proceso en desarrollo es también apreciable en la interpretación de la novela Hombres contra la muerte, del salvadoreño Miguel Ángel Espino, como representativa del salto del criollismo a lo real maravilloso, un logro a su vez impulsado por un idealismo americano contradictorio. De manera similar, su lectura sobre las novelas de Manlio Argueta nos demuestra cómo la narrativa del escritor no solo registra el escalonamiento de la violencia en la sociedad, sino también sus orígenes, manifestaciones y consecuencias (211). Los dos artículos dedicados a los orígenes y la consolidación de la “nueva novela centroamericana” deberían considerarse lectura requerida para estudiantes y especialistas de la literatura contemporánea de Centroamérica, debido a la amplitud y profundidad de la periodización que elaboran. Los últimos dos artículos abordan temas que surgen en novelas contemporánea de las últimas décadas: ya sea el rol de la burguesía en la historia nacional, sus “contradicciones y el alcance de su conciencia posible” (289), o el florecimiento de la nueva novela histórica en la región como narrativas “totalizadoras de intención épica” (300).
En conclusión, la compilación es un recurso fundamental para estudiantes, especialistas y lectores interesados en la literatura de Centroamérica y el Caribe. Ramón Luis Acevedo demuestra un conocimiento profundo y apasionado del campo, a la vez que pone en práctica una exégesis literaria magistral, atenta a cuestiones de identidad cultural, solidaridad política y desarrollo social. El horizonte panamericano y la atención de su crítica a contextos históricos de dominación colonial y explotación neocolonial enriquece no solamente la fuerza persuasiva de sus lecturas, sino también su carácter pedagógico.